jueves, 26 de junio de 2014

Aquí estamos

Y aquí estamos
Tu con tu ignorancia
Yo con mis reclamos
Jugando a ignorarnos
Ignorando el amarnos
Sintiendo pena
Cuidándonos el corazón
Juntando las piezas 
Que nunca y jamas encajaran
Sintiendo dolor 
Pero alegrándonos el día
Aquí estamos
Sintiendo el frió
Quemando las frazadas
Rechazando el calor de casa
Odiando el ruido
Cuidando los decibeles
Sintiendo las vibraciones.
Y aquí estamos
Yo con mis lagrimas
Tu con tu soledad 
Yo aquí
Tu allá.


Guadalupe Ortiz Morales

Mounstro

«Soy un monstruo que pide caricias y besos. Sólo eso. Una tomada de manos, un abrazo inesperado; un monstruo con hambre de cariño, de amor. No hay nada más lindo que te tomen de la cintura –sin importar si hay gente o no–, te abracen o, simplemente, te susurren al oído que te quieren y te hagan saber lo importante que eres. A veces también es lindo sentirse querido, apreciado, adorado»

Contigo

"Eres mejor que una buena lectura,
porque cuando tengo los ojos en ti;
la vista no me falla
y me brindas calor de hoguera
cuando quieres,
sin estar en llamas.
Contigo aprendí, que los pequeños detalles
cuentan tanto como cuentan tus lunares,
tan hermosos como tus mejillas sonrosadas,
o tu pequeña y dulce nariz,
que aprendí a besar por las mañanas.
Sólo basta con mirarte a la cara
O sonreirte cuando menos te lo esperas,
Formar figuras en las paredes de la sala,
Imprimir en tu espalda, el mensaje más tierno,
Amar como si el amor; cumpliera años el mismo día que tú.
Contigo las ojeras son cuentos
que me cuentas, cada vez que me miras.
Contigo el amor me dura
lo de un parpadeo,
más una vida.”

No es que muera de amor, muero de tí

Muero de ti, amor, de amor de ti,

de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti. 

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos. 

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo. 

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable. 

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan. 

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
Inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Jaime Sabines