Yo deseo besar una voz, una voz que deje tonos en mis labios. Una voz que exceda el límite de mi lengua, y me tome por la garganta. Una voz que recorra todo mi cuerpo y que no me suelte. Una voz que blanquee mis ojos. Una voz que tome posesión de mi mente. Una voz que desate mi alma y la lleve a otros universos. Ese deseo no es algo esporádico, no es algo que se pierde en el unísono de los carros y el maullido de los gatos. Tal vez sí; tal vez no. Tal vez solo se quede en deseo; tal vez se vuelva en obsesión.
Mariana Mejía E.
Colombia.
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