“Conocí a un arqueólogo muy interesante. Me explicó que entre ruinas y escombros la diferencia es que en unas hay historia y en las otras no. Intrigado por su conocimiento y presteza, le enseñé las nuestras, le dije que si podía analizarlas y decirme qué era.
El arqueólogo descubrió que en nuestros restos no hay historia. Son escombros y no ruinas. Podría contar la historia como un testigo pero no se prestan para estudio por falta de relevancia. Me hacía falta escuchar eso. Necesitaba que un tercero, sin vela en el entierro, me dijera que no había nada que decir ni que rescatar de lo nuestro. A veces somos sordos, sordos ante las palabras de nuestros conocidos, sordos a lo que nos dice nuestra pareja, sordos a las palabras de nuestro interior y ciegos al lenguaje no hablado que tanto dice e ignoramos.
Antes de partir, el arqueólogo me recomendó limpiar los escombros y seguir mi camino. ‘Lo que queda es basura tíralo y dedica ese espacio a algo más productivo’. Eso haré.”
,Ave Literaria. (via aveliteraria)
No hay comentarios:
Publicar un comentario