Paso a paso, segundo a segundo, el encuentro con tu espíritu parece más cercano. Yuxtaposición de dos almas, el calor que emana de dos vertientes que se prometen amar. A lo lejos, en esa oscuridad que destruyes al asomarte por segundos, demuestras que la belleza es eterna, dulce armonía, humildad de las masas, soplo de vida y obstrucción de la masiva condena del dolor.
Dos acordes, tres pinceladas, cuatro tonos; el concepto de quererte, de anhelarte, de besarte, Dios mio, besarte hasta el cansancio. B-E-S-A-R-T-E, D-E-S-E-A-R-T-E, sutilmente, sin fin y sin angustia, ni daños a terceros. Pensar en que la lluvia caerá sobre nuestros cuerpos, y nos reiremos, nos reiremos a carcajadas, por el simple hecho de estar vivos.
Sentado, dulcemente juego con tus cabellos enmarañados, jugando a los acordes, a las siluetas en el cielo. Tu sonrisa, tu bostezo, tus brazos abrazando mi cuello, y yo, extasiado, idiotizado, sumamente amarrado a la energía cósmica que emana tu silueta, tu todo, tu reflejo en mis ojos achinados.
Y como de costumbre, tu duermes y yo te veo. Te sueño, se diluye el pensamiento, Estas a mi lado, y nuevamente te veo. El subconsciente presente, dictamina -“oye muchacho, estas enamorado”-. Y no lo crees, y lo niegas, y lo dejas tirado. Pero recuerdas, no puedes vivir sin ella, porque es tu todo y tu nada. Y la encuentras más encantadora que antes, con su berrinches, con sus celos, con sus quejidos, con su ojos recién despiertos y unas pequeñas lineas de expresión por ahí.
Parece que tus pensamientos tienen una musa. Dueña de mis fantasías, de un grato olor de sábado por la mañana. Olor a lavanda, a tu lipstick, a tu cuerpo desnudo, me quebranto por tu ausencia repentina. Pero no es todo, ni es nada, ni es mucho menos un no sé. Solo sé que te quiero, y lo aclaro, te amo, más que nunca, tanto como la primera vez que toque tus labios sin protocolos, formalidades o etiqueta, solo por el impulso de sentir tu saliva y tu dulce elixir en mi boca.
Pequeña, hermosa criatura, descanso y sé que soñare contigo, por muy lejos que estés, siempre estas aquí junto a mi lado, como el día que tu leías y yo te escribía, que tomabas té y yo mate, que querías rock y yo quería jazz, y tu me querías y yo te amaba. Causalidades de la vida. Adiós.
Manuel Méndez
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